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martes, 26 de agosto de 2014

Henry Ford y su Motor V-8

Con afecto de Ruth Vásquez
Imágenes Educarte

Hace años, Henry Ford decidió desarrollar el ahora célebre motor conocido como V-8. Quería construir un motor con los ocho cilindros fundidos en un solo bloque.
Dio instrucciones a los ingenieros en el sentido de que proyectaran semejante motor. Los ingenieros afirmaron como un solo hombre que era de todo punto IMPOSIBLE fundir un bloque de motor de ocho cilindros en una sola pieza.

"Háganlo de todos modos", les dijo Ford.
"Pero es que no es posible", replicaron ellos.

"Pongan manos a la obra
-les ordenó Ford- y sigan esforzándose hasta que lo consigan, no importa el tiempo que haga falta".
 
Los ingenieros pusieron manos a la obra. No tenían más remedio que hacerlo, si querían seguir perteneciendo al equipo de la Ford.
Transcurrieron seis meses sin que lo lograran.
Transcurrieron otros seis meses y tampoco lo consiguieron.
Cuanto más lo intentaban, tanto más"imposible" parecía.
"A finales de año, Ford se puso en contacto con sus ingenieros.
Una vez más, éstos le informaron de que no habían sido capaces de cumplir sus órdenes.

"Sigan trabajando -les dijo Ford-.
Lo quiero y lo tendré".
¿Y qué ocurrió?

viernes, 22 de agosto de 2014

Adonde fueres, haz lo que vieres, cuento por Antonio Goicochea

Cuento de Antonio Goicochea Cruzado
Imagen: Educarte
Ahora, que conocería Rioja, tierra de los ancestros de su adorada Vidalina, se conduciría de la mejor manera, seguiría la conseja: “Adonde fueres, haz lo que vieres”, que siempre lo escuchó de sus mentores; y, teniendo como guía esta sentencia popular para su actuar en mundos desconocidos, se planteó Macedonio, participar en todas las actividades de su nueva familia, como un miembro más, para que no fuera visto como un “adecentado” o como un estorbo.

Macedonio Quiroz y su idolatrada Vidalina Iberico, venían desde Cajamarca, sorteando peripecias angustiantes en el camino, a lomo de mulas y con un arriero como guía, pasando por Celendín y Chachapoyas, llegaron a Rioja, él a conocer los ancestros de la consorte y ambos a celebrar un año de feliz matrimonio.

Pasada la efusión de la bienvenida, doña Filiberta, mamá de Vidalina, hacía los preparativos para hacer el típico plato poroto

martes, 19 de agosto de 2014

El acróbata y la joven

Con afecto de Ruth Vásquez
Imágenes Educarte

Un hombre y una joven huérfana se habían especializado en un número circense que consistía en que la niña trepaba por un lago palo que el hombre sostenía sobre sus hombros. La prueba no estaba exenta de riesgos y por eso el hombre le indico ala joven:

-Mira, para evitar que pueda ocurrirnos un accidente, lo mejor será que, mientras hacemos nuestro número, yo me ocupe de lo que tu estas haciendo y tu de lo que hago yo.
De ese modo no correremos peligro.

Pero la joven, mirando fijamente al hombre, replico:
-No, eso no es acertado. Yo me ocupare de mí y tú te ocuparas de ti, y así, estando cada uno muy pendiente de lo que uno mismo hace, evitaremos cualquier accidente.

Permanezca atento  y vigilante de usted y libre sus propias batallas en lugar de intervenir en la de otros.
Atento de usted mismo, avanzara seguro


viernes, 15 de agosto de 2014

La cartita esperada, cuento por Antonio Goicochea

Cuento de Antonio Goicochea Cruzado
Imagen: EDUCARTE

Ninguno, como yo, estaba más ansioso, de que abrieran el paquete que llegó a la Dirección de mi escuela “José Antonio Encinas” con la respuesta a nuestras cartitas que les escribimos a nuestros amigos asháninkas, a los que hacía un mes y medio los habíamos visitado.

En mi cartita le decía a Juaneco Shirorinki mis impresiones de la semana que pasamos en su comunidad, -
“cuando en un mortero de piedra, sacamos “del sacha inchi su aceite”, y que me dijiste que era buenenque para quitar “de la sangre sus grasas malas”, cuando  “recogimos parel majaz y parel ronsoco su yerbita”, y cuando me pinché el dedo al colocar la carnaza en el anzuelo y me envolviste mi dedo con una hojita y lo amarraste con la corteza de una liana y al día siguiente, no tenía ningún daño”. Y, le decía que  nuestros talegos de dormir, solo sirvieron de colchón en las tarimas de caña, por el calor, en cambio si nos sirvieron los mosquiteros. Que la yuca, el plátano, los peces del río y los animales del monte hacen de su comida una exquisitez. Le decía, también, que aquí en Lima preparé patarashca con cachemita y hoja de plátano, no como allá con gamitana y bijau. Que me gozo de haber hecho un amigo, un confidente que me enseñó cómo respetar la naturaleza, respetar y querer a las áreas protegidas y que le seguiré contando de mi escuela y de mi vida, al igual que espero que él me cuente las suyas.

La profesora Érika abrió el paquete, puso, en la mesa central de conferencias, las cartas para que cada uno cogiera la suya. Todas traían el mismo sobre, los abrimos. Las cartitas venían en un en un hermoso papel de color verde, como la naturaleza selvática,

Y todos, sorprendidos, después de leer las primeras líneas, husmeamos en la carta del vecino y así la de los otros y como impulsados por un resorte al unísono leímos: Río Negro, Satipo, Junín, 25 de julio del año del 2005.

martes, 12 de agosto de 2014

La cuerda de la vida

Con afecto de Ruth Vásquez
Imágenes Educarte

Cuentan que un alpinista desesperado por conquistar el Aconcagua, inició su travesía después de años de preparación.

Pero quería la gloria para él solo, por lo tanto subió sin compañeros.
Empezó a subir y se le fue haciendo tarde, y más tarde. No se preparó para acampar, sino que siguió subiendo decidido a llegar a la cima, hasta que se hizo la oscuridad.

La noche cayó con gran pesadez en la altura de la montaña; ya no podía ver absolutamente nada. Todo era negro, cero visibilidad, no había luna y las estrellas estaban cubiertas por las nubes.

Subiendo por un acantilado, a solo 100 metros de la cima, resbaló y se desplomó por los aires.


Caía a una velocidad vertiginosa, sólo podía ver veloces manchas más oscuras que pasaban en la misma oscuridad y la terrible sensación de ser succionado por la gravedad.

Seguía cayendo y en esos angustiantes momentos, le pasaron por su mente todos los gratos y no tan gratos momentos de su vida. Pensaba que iba a morir; sin embargo, de repente sintió un tirón muy fuerte que casi lo partió en dos.

Sí, como todo alpinista experimentado, había clavado estacas de seguridad con candados a una larguísima soga que lo amarraba de la cintura.

viernes, 8 de agosto de 2014

El juguete anhelado, por Antonio Goicochea

Cuento de Antonio Goicochea Cruzado
Imagen: EDUCARTE
Para comprar su anhelado juguete le faltaban cinco soles, tan solo cinco soles le faltaban para completar los diecisiete que costaba. Había recurrido a mil mañas, privarse de golosinas, no ir al cine, hacer mandados, etc., para alcanzar los doce soles, pero le faltaban cinco a Manuelito.
Estando en cavilaciones de cómo conseguirlos escuchó que mamá le decía:
-Manuelito, ve al mercadillo y de doña Petronila compras tres soles de humitas. Toma estos cinco soles, ten en cuenta que debes traerme dos soles de vuelto.
Manuelito, tomó la moneda de cinco soles, se la echó al bolsillo y fue a cumplir con el encargo. Por el camino metía mano al bolsillo y sin quererlo resultaba acariciándola. Así, llegó hasta el puesto de la vendedora. Tuvo que esperar su turno, los clientes eran muchos y tras de él se colocaron aún más.  –Bien dice mi mamita que a doña Petro le faltan manos para atender, decía para sus adentros Manuelito, al ver la clientela.
A su turno: 
-Doña Petronila, véndame tres soles de humitas. Manuelito le entregó los cinco soles y la señora le dijo que esperase un momentito para su vuelto.

martes, 5 de agosto de 2014

Las cosas más importantes… primero

Con afecto de Ruth Vásquez
Imágenes Educarte

Un experto asesor de empresas en "Gestión del Tiempo", quiso sorprender a los asistentes a su conferencia.

Sacó de debajo del escritorio un frasco grande de boca ancha. Lo colocó sobre la mesa junto a una bandeja con piedras del tamaño de un puño y preguntó: ¿Cuántas piedras piensan que caben en el frasco?

Después de que los asistentes hicieran sus conjeturas, empezó a meter piedras hasta que llenó el frasco.


Luego preguntó: ¿Está lleno? Todo el mundo lo miró y asintió. Entonces sacó de debajo de la mesa un cubo con gravilla (piedritas).
Metió parte de la gravilla en el frasco y lo agitó. Las piedrecillas penetraron por los espacios que dejaban las piedras grandes.

El experto sonrió con ironía y repitió: ¿Está lleno?

Esta vez los oyentes dudaron: Tal vez no.¡Bien! Y puso en la mesa un cubo con arena que comenzó a volcar en el frasco. La arena se filtraba en los pequeños recovecos que dejaban las piedras y la grava.

viernes, 1 de agosto de 2014

Nuestro mejor amigo

Cuento de Antonio Goicochea Cruzado
Imagen Educarte

“Un barco frágil de papel

parece a veces la amistad”.

Alberto Cortez
Le llamó enormemente la atención el hecho de que sólo él fuera el alumno que debiera realizar una tarea individual de investigación bibliográfica en la biblioteca del plantel y que los demás se quedaran a realizar una tarea colectiva de producción de textos, sin embargo la asumió con alegría y responsabilidad. 
Hacia la biblioteca fue.
-Queridos alumnos, dando cumplimiento a nuestra planificación curricular en lo que a valores y a relaciones humanas respecta y ya que hemos decidido, por consenso, a NUESTRO MEJOR AMIGO debemos disponernos a redactar las razones del porqué lo elegimos como nuestro mejor amigo, manos a la obra- dijo el profesor, llamando al trabajo en grupos.
En las mesas se escuchaba un parloteo alegre sobre el aspecto que por