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viernes, 24 de octubre de 2014

El acomedido cobrador de microbús por Antonio Goicochea

Cuento publicado en el libro "El Sonido de las Caracoals".
Autor: Antonio Goicochea Cruzado
Imagen: EDUCARTE

Al subir al microbús me extrañó que el cobrador me tomara del brazo y con el mayor cuidado me ubicara en el asiento reservado para mayores de edad y personas con dificultades físicas. Ya sentado cómodamente, limpié mis lentes oscuros que el oftalmólogo me había recetado para cuidar mis ojos a los dos días de haber sido operado de “orzuelo” o chalazión, como ellos lo llaman, luego coloque a mi lado el pequeño tubo delgado de aluminio que había comprado, de la vidriería “El Dorado”, para un arreglo en casa.


-Bajan en el siguiente paradero-, dijo con atiplada voz el cobrador, para hacerse oír por sobre el sonido del altoparlante que llenaba el ambiente con una salsa de moda, y bajaron varios pasajeros.

 –Bajan, bajan, siguen bajando, ya, dale, dale Campeón.

En microbús seguía su ruta y entre subidas y bajadas; y subidas, el vehículo se llenó de tope a tope y el cobrador: -Al fondo hay sitio…, en la última fila van cinco, acomódense señores,

martes, 21 de octubre de 2014

Viajando en Burro

Con afecto de Ruth Vásquez
Imágenes Educarte

Había una vez un matrimonio con un hijo de doce años y un burro.

Decidieron viajar, trabajar y conocer el mundo. Así, se fueron los tres con su burro.
Al pasar por el primer pueblo, la gente comentaba: "¡ Mira ese chico mal educado!

Él arriba del burro y los pobres padres, ya grandes, llevándolo de las riendas!".Entonces, la mujer le dijo a su esposo:

"No permitamos que la gente hable mal del niño." El esposo lo bajó y se subió él.

Al llegar al segundo pueblo, la gente murmuraba: "¡ Mira qué sinvergüenza ese tipo! Deja que la criatura y la pobre mujer tiren del burro, mientras él va muy cómodo encima!".


Entonces, tomaron la decisión de subirla a ella al burro mientras padre e hijo tiraban de las riendas.

Al pasar por el tercer pueblo, la gente comentaba: "¡Pobre hombre! Después de trabajar todo el día, debe llevar a la mujer sobre el burro!¿Y el pobre hijo? ¡Qué le espera con esa madre!".

Se pusieron de acuerdo y decidieron subir al burro los tres para comenzar nuevamente su peregrinaje.

Al llegar al pueblo siguiente, escucharon que los pobladores decían:"¡Son unas bestias, más

domingo, 19 de octubre de 2014

Sequía en Condorumi

Cuento publicado en el Libro "El Sonido de las Caracolas"
Autor: Antonio  Goicochea
Imagen: EDUCARTE

Ya lo habían dicho los Ayachi, Condorumi tendría dos años de sequía; estas afirmaciones las hicieron luego de haber observado las estrellas, el sol, la luna, el rayo, las piedras, los ríos, los puquiales, las lagunas, tomando el pulso al futuro. Como siempre los pobladores, unos a favor y otros en contra de los pronósticos comentaban sus pareceres en los recodos de los caminos, en la plaza pecuaria, en cada reunión comunal.


Condorumi, era una ladera donde se habían ubicado las casas, y, unos cerros de bosquecillos seco-montanos, buenos para la cría de cabras. Los llanos en cambio servían para la cría de ovejas y vacas y para el cultivo de maíz asociado con frijol y otras menestras.

Con el paso de los días los pobladores de Condorumi se dieron cuenta que el puquio del que se abastecían de agua para el consumo humano ya traía menos agua y era necesario madrugar y hacer cola para recoger uno o dos baldes. La laguna que servía de abrevadero de los animales tenía menos agua que antes. El cielo ya no presentaba nubes y el sol calentaba más. Era un cielo azul turquí intenso, sin nubes. Los cultivos se secaban. Para satisfacer las necesidades de su querida profesora los niños tomaron la decisión de traer un capacho lleno de agua cada uno además del que traían para ellos.

La pequeña laguna se había tornado verde, sus aguas espesas hacían daño a los animales, tanto

martes, 14 de octubre de 2014

Admitir la miopía

Con afecto de Ruth Vásquez
Imágenes Educarte

Un anciano que tenia un grave problema de miopía se consideraba un experto en evaluación de arte.
Un día visitó un museo con algunos amigos. Se olvidó los lentes en su casa y no podía ver los cuadros con claridad, pero eso no lo detuvo de ventilar sus fuertes opiniones.

Tan pronto entraron a la galería, comenzó a criticar las diferentes pinturas.
Al detenerse ante lo que pensaba era un retrato de cuerpo entero, empezó a criticarlo.
Con aire de superioridad dijo:"El marco es completamente inadecuado para el cuadro. El hombre esta vestido en una forma muy ordinaria y andrajosa. En realidad, el artista cometió un error imperdonable al seleccionar un sujeto tan vulgar y sucio para su retrato.
Es una falta de respeto".
El anciano siguió su parloteo sin parar hasta que su esposa llego, se puso a su lado y al oído le dijo:

"Querido, -estas mirando un espejo!!!.


Moraleja: Nuestras propias faltas, las cuales tardamos en reconocer y admitir, parecen muy grandes cuando las vemos en los demás, debemos mirarnos en el espejo mas a menudo, observar bien para detectarlas, y tener el valor de corregirlas.

lunes, 13 de octubre de 2014

Los cipreses ornamentales, cuento por Antonio Goicochea

Cuento de Antonio Goicochea
Imagen: Educarte

Don Fredesvindo Chuquitanta, alcalde de Rumichaca, se quedó boquiabierta al ver por primera vez la plaza mayor de Wamanmarca.
-¡Cómo fuera así la placita de mi pueblo! -dijo.
-¡Los cipreses de aquí tienen forma de animalitos! 
¡Qué hermosos! Decía alelado. Llevaré la semilla y los plantaré en la placita de Rumichaca, será un parque tan hermoso como la plaza de Wamanmarca. 

El jardinero que tijeras en mano podaba las plantas, le dijo:
Señor, si está interesado yo le consigo plantitas en la cantidad que quiera. 
Esos cipreses, los que le haré comprar, forman llamas, vicuñas, ovejas, perritos o caballos. 
Depende de lo que usted quiera. 

Don Fredesvindo, que era de los alcaldes que disponen al toque, hizo cálculos, el parque tiene ocho triángulos, si en cada uno coloco tres plantas, necesito 24, por si algunas mueran, deben ser cincuenta, por sí alguna no pegue.
 -Necesito cincuenta. 

martes, 7 de octubre de 2014

El Eco

Con afecto de Ruth Vásquez
Imágenes Educarte

Jorge, que no sabía lo que era el eco, se divertía en la montaña montado sobre un palo de escoba y en gritar:
-¡Arre! ¡Arre!
Inmediatamente oyó las mismas palabras en el bosque cercano.
Creyendo que alguien se hubiera escondido, pregunto:

-¿Quien eres tu?
La voz misteriosa repitió inmediatamente:-
¿Quien eres tu?

Jorge, lleno de furor, grito entonces: -
 Tú eres un idiota.

En seguida la misteriosa voz repitió las mismas palabras.

Jorge montó en cólera y lanzo palabras cada vez mas injuriosas contra el desconocido que suponía escondido; pero el eco se las devolvía con la máxima fidelidad.


Jorge fue hacia donde creía le respondían, descubrir al insolente y vengarse de el, pero no encontró a nadie. Entonces marcho a su casa, y fue a consolarse con su mama a quien le comento lo sucedido.

“Hijo, te has engañado, pues lo que has oído ha sido el eco de tus mismas palabras” - le dijo la madre -.

“Si tu hubieras dicho en alta voz una palabra afectuosa, la voz de que hablas te hubiera respondido también en términos afectuosos.

”Lo mismo sucede en la vida y surgen dificultades para establecer una buena comunicación.

viernes, 3 de octubre de 2014

La moña, cuento de Antonio Goicochea

Autor Antonio Goicochea
Imagen: EDUCARTE  

– ¿A dónde vas, Lobita? –me dijo curioso el Meyengue.

– Voy a La Lucma, a don Jesusito, tengo que reclamar una moña para el toro que vestimos con mis hermanos. Meyengue, lleva estos dátiles pa’l Santiago, el Baquita y los patas de La Matanza. Mi papá está alegre y me ha comprado tanto que ya me harté.

A la sombra del amplio alar de su casa de campo, descansaba en una perezosa don Jesucito, artista plástico del pueblo, exalumno de Escuela de Artes de Lima. Las paredes exhibían hermosas litografías, aunque descoloradas por acción del sol y el tiempo. Sobre la mesa estaba la moña.

–Pasa, Antoñito, ahí tienes la moña, puedes llevarla, ya tu papá me ha pagado. Pero lávate las manos, quizá la vayas a ensuciar.

Mis manos mostraban residuos de las cajetas y dátiles que con dejadez y descuido había comido. Me lavé en un chorrito de agua del arroyo que pasaba al lado de la casa. Obsequiosa su esposa me alcanzó una toalla.

–Gracias, señora, gracias don Jesucito, dije.

Tomé la moña con cuidado. Era una mariposa plateada de raso de seda, tenía unos

martes, 30 de septiembre de 2014

El escondite perfecto

Con afecto de Ruth Vásquez
Imágenes Educarte

En el principio de los tiempos, se reunieron varios demonios para hacer una travesura.
Uno de ellos dijo: "Debemos quitarles algo a los humanos, pero?, que les quitamos?".

Después de mucho pensar uno dijo:"Ya se!, vamos a quitarles la felicidad, pero el problema va a ser donde esconderla para que no la puedan encontrar".

Propuso el primero: "Vamos a esconderla en la cima del monte mas alto del mundo", a lo que inmediatamente repuso otro: "no, recuerda que tienen fuerza, alguna vez alguien puede subir y encontrarla, y si la encuentra uno, ya todos sabrán donde esta".

Luego propuso otro: "Entonces vamos a esconderla en el fondo del mar", y otro contesto: "No, recuerda que tienen curiosidad, alguna vez alguien construirá algún aparato para poder bajar y entonces la encontrara".


Uno mas dijo: "Escondámosla en un planeta lejano a la Tierra".
Y le dijeron: "No, recuerda que tienen inteligencia, y un día alguien van a construir una nave en la que pueda viajar a otros planetas y la van a descubrir, y entonces todos tendrán felicidad".

El último de ellos había permanecido en silencio escuchando atentamente cada una de las propuestas de los demás. Analizo cada una de ellas y entonces dijo: "Creo saber donde ponerla para que realmente nunca la encuentren".

Todos voltearon asombrados y preguntaron al mismo tiempo:"¿Donde?". "La esconderemos dentro de ellos mismos, estarán tan ocupados buscándola fuera, que nunca la encontraran".


Todos estuvieron de acuerdo y desde entonces ha sido así: el hombre se pasa la vida buscando la felicidad sin saber que la trae consigo.