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lunes, 1 de julio de 2013

Leyenda: El Quinto Sol, Nahua. México.

Fue durante el quinto sol o la quinta era, bajo la adoración de Quetzalcóatl, que los dioses nuevamente se reunieron para establecer una nueva especie humana que poblara la tierra.

Fue cuando Quetzalcóatl se dirigió al Mictlán y habló con Mictlantecuhtli, señor de la región de los muertos. Le manifestó que venía en busca de los huesos preciosos que estaban bajo su custodia.

Mictlantecuhtli no deseaba entregar los huesos así que le pidió que hiciera sonar el caracol que le ofrecía y que efectuara cuatro vueltas alrededor del círculo interior. Pero el caracol no tenía agujero alguno por donde Quetzalcóatl pudiera entrar a darle vueltas. Entonces llamó a los gusanos para que practicaran huecos de los lados rotos y solicitó a las abejas que entraran e hicieran sonar el caracol. Al oírlo, a Mictlantecuhtli no le quedó más remedio que entregar los huesos.

            Inmediatamente se arrepintió por que los huesos pertenecían a las generaciones pasadas y su lugar estaba allí. Ordenó a los dioses del Mictlan que los recuperaran; pero Quetzalcóatl no cedió y al encaminarse hacia donde estaban aquellos huesos envió a su Nahual (su doble) y les hizo creer que volvía para regresarlos.

Estaban por separado los huesos de mujer y los huesos de hombre, sólo era cuestión de amarrarlos y se los llevó.
           
            El señor de los muertos estaba inquieto preguntándose donde estarían los huesos. Quetzalcóatl descendía ya del Mictlan. Mictlantecuhtli pensó que aun era tiempo de recuperar los objetos preciosos y ordenó a sus servidores cavar un hoyo.

Presurosos se adelantaron a Quetzalcóatl, quien cayó muerto en sus profundidades. Había soltado los huesos, que se esparcieron por la superficie. Las codornices que por ahí pasaron los royeron todos y no dejaron uno con forma. Al rato resucitó Quetzalcóatl; angustiado hablaba con su Nahual. Decidieron que la cosa resultara como fuera.


                          En Tomoanchan le esperaba la doncella Quilaztli. Ella molió los raídos huesos y los colocó en una bella vasija mientras Quetzalcóatl descansaba de su misión. Entonces se reunieron los dioses y Quetzalcóatl vertió su sangre sobre el polvillo. Todos hicieron penitencia y al fin decretaron el nacimiento de los macehuales...

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