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viernes, 1 de agosto de 2014

Nuestro mejor amigo

Cuento de Antonio Goicochea Cruzado
Imagen Educarte

“Un barco frágil de papel

parece a veces la amistad”.

Alberto Cortez
Le llamó enormemente la atención el hecho de que sólo él fuera el alumno que debiera realizar una tarea individual de investigación bibliográfica en la biblioteca del plantel y que los demás se quedaran a realizar una tarea colectiva de producción de textos, sin embargo la asumió con alegría y responsabilidad. 
Hacia la biblioteca fue.
-Queridos alumnos, dando cumplimiento a nuestra planificación curricular en lo que a valores y a relaciones humanas respecta y ya que hemos decidido, por consenso, a NUESTRO MEJOR AMIGO debemos disponernos a redactar las razones del porqué lo elegimos como nuestro mejor amigo, manos a la obra- dijo el profesor, llamando al trabajo en grupos.
En las mesas se escuchaba un parloteo alegre sobre el aspecto que por
sorteo deberían abordar. Al cabo del tiempo dado y ya teniendo cada grupo su argumentación, el relator del primer grupo, inició la lectura:
-Porque cuando una sombra de tristeza invadió nuestros días y  tú los inundaste de alegría iluminándolos plenos.-
El segundo: -Porque cuando estuvimos solos fuiste solidaria compañía y  siempre extendida mano; y, cuando todos dudaban de nuestra sinceridad, a pesar de evidencias, fiaste en nosotros, diste el crédito que nos hacía falta.-
El tercero: -Porque en el campamento… cuando caímos nos diste la mano, porque cuando lloramos, lloraste; reímos, reíste.-
El cuarto: -Porque animaste nuestras decisiones para salvar dilemas. Porque cuando anhelantes de educación de prístina calidad en equidad y justicia fuimos torrente en las calles, fuiste el fuego que espoleó la lucha trepidante en las calles de Santiago.-
Y el quinto: -Porque boyante en ese frágil barco de papel en el proceloso mar que es el vivir, de tan dispares sentires, lograste un solo corazón. Iconoclasta peón, alfil, torre o rey en el ajedrez de la vida… Por lo que tú eres, ¡ERES NUESTRO MEJOR AMIGO!-
-Habiendo concluido nuestra tarea, invitemos a Ronald a volver a la sala- dijo el profesor. Y el alumno coordinador del aula, en esta semana, se dirigió a la biblioteca, mientras que el relator del pleno, imprimía el pergamino: Nuestro Mejor Amigo”.
-Ronald, dice el profesor que des por concluido tu trabajo, debes volver al salón.
Esta disposición lo intrigó aún más que la que lo llevó a la biblioteca, pero caviloso, regresó. Allí vio que la veintena de alumnos, en círculo y de pie, lo recibían a aplausos. No salía de la sorpresa, -¡Si hace poco celebraron mi cumpleaños!- dijo para sí.
Acto seguido, el relator dio lectura al pergamino. Recién, entonces, encontró la razón de tanto secretismo, Ronald seguía con expectación la lectura. De su pecho, de rato en rato, escapaban suspiros.
Al concluir a la lectura, todos, al unísono y a viva voz: 
-Por eso Ronald Antonio eres nuestro mejor amigo-.
Cuando escuchó al salón en pleno y al recibir los abrazos de todos, unas lágrimas de alegría rodaron por sus mejillas.



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